Yo náufraga, tú orilla.

Me encontraste, flotando a la deriva
después del huracán,
me encontraste, me salvaste, me diste aliento,
me secaste, me sanaste, me quitaste el frío.

Me encontraste, débil y sin ganas de soñar,
con la mirada triste, sin luz, sin estrellas,
me guardaste en tus brazos, me abrigaste,
me trajiste a tu pecho para anclar en él,
para sentir la música de tu corazón,
para darme calma, serenidad y calor.

No hiciste más preguntas,
tú sabías que no hacía falta,
que la vida, después de la tormenta,
me trajo a tu orilla
y que no había retorno,
que no habría más ayer
que ese momento justo
en que comencé a existir para ti,
que ese momento exacto
en que me quedé a vivir en ti.

Tu amor ha sido desde mi llegada,
mi mar, mi viento, mi barco, mis velas,
mi ancla en tu pecho, mi estrella viajera,
mi cielo infinito, mi paz y mi guía,
las olas en calma que adormecen mis penas,
las olas imponentes que despiertan mi instinto.

Tu amor ha sido desde mi llegada,
mi hogar, mi alimento, mi equipaje,
la cama donde reposa tu lienzo,
la almohada donde te sueño despierta,
mi boleto de ida a la eterna felicidad,
mi único amor, mi todo, mi siempre, mi libertad…

Mío.

Ana Isabel
San Miguel, El Salvador
14/01/2016

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