Carta al corazón

Y tratas de ponerle tantas palabras a lo que sientes, cuando sabes que no las necesitas, porque lo que sientes es libre de vestirse de los colores que mejor le sepan, de las miradas que mejor le vistan, como la luz y la oscuridad, brillando a veces, opacándose otras, haciendo cálido todo cuanto exhalas o enfriándote hasta el aire en tus pulmones, indiferente hasta lo inaguantable, o penetrando hondo hasta los huesos. Sientes con las manos en alto en señal de rendición, extendiéndolas para conformar a otro ser más desafortunado que tú, disponiendo de tu tacto para sentir ese cuerpo que arde bajo tus dedos. Sientes haciendo la guerra a la inoportuna maldad que agobia tu alma, haciendo la paz con las fronteras de tu abismo y de tu salvación, haciendo el amor, porque el amor se hace y el amor te hace, no se escribe, ni se piensa.

Sientes guardando silencio, llorando o riendo, rompiendo contra el muro los dientes de los reproches, rompiendo los cristales de la soledad y la tristeza, de toda la rabia contenida, de toda la incertidumbre, de todo lo que te excita los nervios y las fuerzas, al instinto animal que con los extremos no controlas. Sientes en la nostalgia de un adiós que sólo de pensarlo ya te duele, sientes con los besos en los labios de quien no se rinde de latir por ti, sientes sobre el piso, sobre el pasto, sobre el cielo… Sientes y de cualquier modo, sólo sientes y te dejas llevar. Intentarás escribirlo, decirlo, cantarlo, gritarlo y no bastará, no bastará incluso cuando creas que ya lo has sentido todo.

Y en medio de la marea que te arrastra sin soltarte, sientes que te hundes y sin embargo sigues a flote, y si te alumbra un fino rayo de luz como hilo de oro sobre tu frente, sientes que la esperanza te devuelve a la orilla de tu playa lentamente. Y ya la calma se va encargando de aclararte lo que sientes, y te das cuenta que siguen sin hacer falta tanto torbellino de palabras. Tal vez le puedas poner nombre a todo cuanto existe en tu mente, quizás puedas ponerle una imagen a cada verso para que no se te olvide qué se siente, pero entre los suspiros y cerrar los ojos te das cuenta que ya el mundo no va deprisa y que si apagas tu mente, todo dentro de ti se ilumina… Y sientes la magia de su mano alcanzándote, acariciándote por dentro la fibra más sensible de tu corazón, y aquí vuelven las miradas, las caricias, los besos, el silencio y la soledad compartida, las olas mojándote los pies y los versos que se entretejen a su sonrisa, te das cuenta que ya nada es como ayer y que ahora todo siempre puede ser mejor de lo que esperabas, y aquel huracán de palabras, tan innecesario, tan sofocante, seguirá sin hacer falta.

Te abraza, te pide que no te vayas, te pide que le conmuevas y le renueves las alas, que eres tú, que siempre has sido tú, y te lo dice sin una sola palabra, porque te abraza y sus labios besan tus lágrimas, besan tus heridas y te pide una vez más que no te vayas. Abre tu mano, ponla sobre su pecho y siente… Jamás en la vida habrías aprendido a sentir si no fuera por eso, si no fuera por su corazón que ha latido siempre por ti desde lejos. Jamás en la vida habrías vivido ni un solo instante de felicidad si no fuera por él, si no fuera por su amor, si no fuera por su fuerza que te hizo grande, por su pasión que te incendió la sangre, por su verdad que te enseñó a crecer… Y si sientes ahora, en completo silencio, le contemplas con la mirada fija en su alma, te das cuenta, cuánto… cuánto lo amas.

Sin tomarle prisionero de tus caprichos ni de tus reproches, bésalo y hazlo sentir que no te marchas, que para decirle que lo amas las palabras no hacen falta, que andarás los caminos que haya que andar para encontrar siempre un sitio al que llamar hogar entre sus brazos, que recorrerás las ciudades que quieran juntos recorrer, siempre de su mano, que lo verás en escenarios y cantarás con él todas sus canciones, que le leerás desnuda sobre la cama en las noches, y le escucharás con atención cuando te cuente todas sus conquistas, que él siempre será guapo para ti hasta cuando lo enfades, que es el único, que no existe nadie más, que entre todo el mundo él es único, que lo amas con toda tu sangre y todas tus fuerzas, y que vas a arrancarlo de las peores pesadillas siempre con el primer beso, que tus brazos serán siempre su refugio y tu pecho su mejor alimento, que tu vientre va a guardar todos sus tesoros y tus piernas van a abrigar todos sus secretos.

Recuérdalo siempre, no hacen falta palabras para entregar lo que sientes… Corazón no te agites, sólo siente.

Ana Isabel
San Miguel, El Salvador
04/04/2016

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