Y si el cielo se cae…

Aquí estamos otra vez, frente a frente y sin decirnos nada, nos decimos todo. No hacía falta tanto para descubrirlo, que somos lo que nadie más pudo ser y seremos lo que jamás podrán si quiera imaginar. Somos una gota de rocío sobre la rosa de un jardín que florece todo el año, somos cada gramo de esperanza que se va acumulando en el buró de los anhelos.

Sin duda, que hemos sido siempre más de lo que hemos dicho, y que incluso, hemos sido mucho más de lo que sentimos. Te recuerdo como el primer día, observándome en la distancia y no aguantando la ansiedad de acercarte siempre un poco más, y yo sin poder disimular que me moría de ganas de que me vinieras a buscar. Cada paso dado, cada puerta cerrada detrás, cada camino que se dejó para cambiar el rumbo, sin cambiar el destino, tú… yo… nosotros.

Nunca fue una simple casualidad, te he nombrado siempre un milagro, te he nombrado siempre una hermosa y extraordinaria causalidad, porque eres el responsable de mi felicidad desmedida, de mi risa continua y mis ganas de volar, cada vez más lejos, cada vez más alto, cada vez, siempre, junto a ti. Sacudiste mi centro y lo pusiste nuevamente en el eje de tu historia, a orbitarte en las noches los sueños y contarte en silencio como se dibuja en mis labios cada beso que te entrego.

Y no me importa si el mundo se acaba mañana, no me importa si el cielo se cae, o la tierra se abre… Tengo en tus labios el cielo que he soñado, y mis pasos firmes en tu ciudad. Contigo el fin del mundo significa un nuevo comienzo, el amor trasciende todo lo que conocemos, y mira que tú más que yo conoce del mundo lo que la luz no alcanzó a tocar, pero siempre supiste iluminar a tu manera, la manera tan fiel y certera de vivir, siempre buscando sensaciones nuevas, seguro de que en esta vida todo puede ocurrir.

Ilumíname y descúbreme, róndame y acorrálame, ámame con la locura de tu corazón y de tu piel, que no hemos dado pasos en vano hasta aquí, si el siguiente paso es un abismo lo saltaré contigo, si el siguiente paso es contigo, volaremos lejos, de todo el desorden de la habitación de los fracasos y el sin sabor de la rutina, que nos están sangrando las horas de miel y vino que tú y yo deseamos tanto.

Aquí estamos otra vez, reconociéndonos como nuestros, siendo uno más uno la totalidad, que no te queden dudas que rozarte con mis labios te hará despertar del letargo del desconcierto, que no me quedan dudas que si tomas mi mano, esta tarde, sin el permiso de nadie, nos echamos a volar…

Ana Isabel
San Miguel, El Salvador
21/04/2016

 

 

 

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