El primer segundo bastaba

Me miraste por tres segundos, el primero bastaba y lo sabías, ya era tuya antes del segundo, pero al tercero me enteraba, un segundo, contigo, para rendirme… me basta un segundo… Cómo es que entre tantos desaciertos de polvo en los ojos y arena en las huellas, hemos venido a varar a tus brazos, mi corazón romántico y extraño, y yo.

Mi vida es diferente ahora, tanto que contigo las noches traen mucho más que estrellas, es un concierto de luciérnagas, una danza de la brisa y las nubes aterciopelando el cielo, una esperanza convencida de que hoy es nuestro siempre, y que mañana es una amenaza contra el tedio y el conformismo, que también nos pertenece, porque entre un beso y otro, el cambio de día no se siente, más bien parece que nos amanece en el segundo siguiente de separar nuestros labios y vuelve a anochecer cuando ya no hay principio ni fin entre nuestros cuerpos.

Puedo contar las estrellas con los besos que florecen de tus labios y los lunares que decoran tu lienzo perfecto, podemos hacer que la luna se acerque a mirarnos, sólo porque nos da la gana que el mar nos alcance y que ella se llene de envidia. Una noche me pediste cinco promesas sinceras, yo te di mi vida entera y más si quieres, y más si me tomas con la cadencia de las olas y el misterio de tus ojos envolviéndome de una infinita paz, en el silencio de la noche, con el canto escondido de aves en caracolas. Así mis manos víctimas de la impaciencia van a enseñarte que poesía tiene tu nombre escrito en cada verso, cada coma, cada tilde, cada letra. Mi mirada se convertirá en música para tus sentidos, y en las horas de más calor o en las de más frío, en el exceso desmedido que más prefieras, mi cuerpo se volverá abrigo y sustento de tu alma.

Hacerte el amor y escribirme en tu piel ahora son sinónimos de amarte bien, perderme en ti para encontrarte a ti es sonata de madrugada para el amor que nos arropa. Y después de las horas enredados bajo la hilera infinita de estrellas, la calma nos llueve en rocío a los pétalos del clavel de nuestro idilio… Sed saciada, fuego renovado, fe liberada.

Te beso en lo profundo del océano, ahogando el ruido de los infiernos en nuestra mente, me bebo el elixir de tu voz y dormimos protegidos de todo mal hiriente del amor para siempre.

… Y emergemos al amanecer con el sol, nuevos, libres, fuertes… juntos e invencibles.

Ana Isabel
San Miguel, El Salvador
12/05/2016

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