En ese momento…

En ese momento en que la claridad desempaña los cristales de toda angustia, en ese momento en que se incineran como polillas en la lumbre todos mis miedos y me despojo de las cadenas de tonterías y prejuicios… Hay un brillo que reconozco y me hace sentir en casa, el primer hogar de mi corazón fui yo misma, antes de dejarlo partir a tu lado. Yo le cuidaba y le alimentaba como al hijo pequeño de mis esperanzas, como al más grande obsequio de todo lo que la vida podría darme, cultivaba para él un jardín de rosas rojas, siempre soñando con el amor todas y cada una se volvían poemas, canciones, anhelos de eternidad y más caricias de consuelo cuando la soledad me embargaba.

Ahora le cuidas tú, incluso mucho mejor de lo que lo hice yo, ahora lato dentro de ti y me diluyo en tu vida recorriendo las constelaciones que el universo te otorgó como insignias a tu valor. Me cantas al dormir, me envuelves en tu vida y me cuidas de mi misma, me salvas con tus letras, me ayudas a vivir… Descubriste dentro de mí a la niña que se quedó dormida entre lágrimas y ausencias, presa en su propia cuna, y te atreviste a despertarla con tu beso de “buenos días princesa”, a arrancarle las raíces de un linaje de mentiras y a deshonrar las creencias falsas de la infelicidad a cuenta de terceros. Me regalaste tu esencia en un beso adjunto a la palabra “siempre” y convertiste mis carencias en fuentes de abundantes versos y alegrías, de amor y lealtad a lo que será siempre nuestro.

Mírate en mí, yo también te aprendí a amar tal y como eres, yo no miro en ti más que las imperfecciones más justas y perfectas que han llegado a existir, todas hechas arte en ti, cariño mío, sólo en ti. La fortuna de mi alma lo quiso así, que a tus manos se le otorgara el privilegio de hacerme feliz, y que a mi vida se le marcara con tus iniciales, que se me fuera entregada sin pretensiones y sin más explicaciones, la verdad de tu boca, la virtud de tus letras, la constancia de tu espíritu y la fuerza de tu nombre, como los tesoros más preciados del universo infinito en que el habitamos, para cuidar de ellos con mi propia vida y a defenderlos hasta mi muerte… y aun después.

Con el alma entregada y dispuesta a librar cada batalla a tu lado…

Tuya siempre,
Ana Isabel

San Miguel, El Salvador
11/05/2016

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