Lo incurable

Cúrame de la impotencia de estar lejos y no abrazarte,
cúrame de la nostalgia callada de tus besos de madrugada,
cúrame del tiempo en que te extraño y no te tengo,
cúrame del cansancio de lo incierto, de lo incompleto,
bésame despacio mis miedos y bórralos, desaparécelos,
porque no hay lugar en este mundo para mí, llévame lejos.

Cúrame de la tristeza, cúrame del sufrimiento,
cúrame de la melancolía y del hastío de los kilómetros,
cúrame de mis torpezas, de mis agravios contra mí misma,
cúrame del hielo, del frío, del tempano de lo inexacto,
arrópame en la noche, desnúdame a tu tiempo, cúbreme con tu piel,
no lo pienses tanto, yo no tengo espinas, soy tan frágil como me ves.

Cúrame, ámame, aún sin merecerlo, sálvame,
habiéndome perdido, encuéntrame,
si se me acabara el tiempo, frénalo con un beso
de los que hacen temblar mi centro y hundirme
en un inmenso espacio de suspiros contenidos,
liberados con el tacto de tu mano sobre mi pecho.

Cúrame del silencio, que mi alma cante con tu alma,
de tu amor, de mi amor y de todo deseo confesado,
de ser siempre para ti la única verdad
y tú, mi único sustento en esta vida que no deja de girar.
Cúrame del veneno del desprecio y muérdeme otra vez,
despacio y muy profundo en mis cinco sentidos, hazme vivir, creer.

A mi vida le has abierto una ventana a un jardín dormido y secreto,
allí la magia sólo existe si tú respiras de tu arte sobre este lienzo,
allí sólo hay luz si abres tus ojos y me miras, si yo conquisto tu sonrisa,
y nadie más en el mundo entendería porque no puedo estar sin ti,
se grabó tu voz en mi corazón y tu nombre en mi alma, a fuego y sangre.
Si no son tus brazos, yo no quiero otro lugar en el infinito donde hallarme.

Que si te pido que me cures, no es por egoísmo ni por capricho, ni por cobarde,
pero eres la única persona en el mundo a quien le confío mi vida a ciegas,
y eres la única persona en el mundo que merece la pena y la dicha
para amar, para proteger con cada gota de mi savia, para entregar
con una locura desmesura todo el amor que me invade sólo al pensarte,
y para curarme, sólo tienes que mirarme, sólo tienes que nombrarme…

Tuya, tuya y sólo tuya, porque ya lo soy, porque ya me tienes,
porque ya me ardes, en la piel y en los pensamientos, en la sangre,
que lo único incurable en mi vida, son estas ganas tan intensas de amarte.

Ana Isabel
San Miguel, El Salvador
01/06/2016

 

 

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