Por la paz del universo entero

Lo que cubre la noche no es un simple manto de estrellas y una luna cruzando los dedos para ver si te marchas, es un montón de deseos contados, a la lumbre de una chimenea, en una cabaña soñada, más al sur de esa frontera, iluminados todos con un fuego que no se conoce en esta tierra sin nombre.

Y tú sigues aquí, mutando el corazón a complejas intermitencias, a veces te ríes en mi cara viéndome hundida, a veces lloras porque me ves complacida de no haber fracasado una vez más… Y nunca te marchas.

Ya me cansaron tus ecos, pero sigues golpeando el muro, de lágrimas se me hizo un charco en la almohada ahogando mi seguridad… Te volviste a reír y yo me pregunto… ¿Por qué sigues aquí?

Autentica enemiga de mi confianza, figura retórica siempre mal interpretada, te tomé de la mano para saber si lo inerte de tu apariencia era respuesta de tu huida súbita al más allá, a tu muerte anunciada… y no fue prudente tocarte, me helaste los sentidos y me desagradaste mucho más. Vivías aún, comiéndote mis versos, asfixiando mi inspiración, alimentándote de mis miedos. ¿Por qué no te marchas?

Te abrí la puerta ayer, te invité amablemente a salir de mi casa, porque no merece la pena que pierda el control por ti, y te fuiste a ocultar a ese mismo rincón, donde yo de niña lloraba pidiendo perdón por las cosas que no entendía y que jamás fueron mi culpa. Ahora pido perdón por lo que será siempre mi culpa, pero no me perdonaré jamás si no te saco de aquí ahora. Quiero que aceptes que no, que no te quiero conmigo, que ya no te puedo tener, que me has cansado los pasos y mira que paciente conmigo misma yo nunca fui, ni para mal ni para bien.

Tengo por causa perdida un porqué que nadie me responderá, pero tengo una causa de vida o muerte, un amor que vale más que tu eterna y falsa burbuja de cristal que un día me ofreciste y con toda la ceguera me decidí a tomar, mi vida vale más que tu peso muerto en mi porvenir. No serás quien me vuelva abrir las heridas.

¿Por qué no te marchas? Te abro la ventana, alas de cuervo, échate a volar, te aseguro sobran mil almas que contigo querrán naufragar, que habrán aceptado su derrota sin quererse levantar ya. Pero yo ya tengo un puerto donde quiero llegar, y no me interesa perderme otra puesta de sol a su lado, en el mar, por tu capricho de interrumpirme los sueños pidiéndome que recuerde porqué nunca fui capaz de mirar más lejos que mis miedos. Márchate ya.

Si hay a quien culpar, seré siempre yo, amargo es el camino, pero lo caminaré yo, no te necesito ni para tirarte piedras, ni para que me las tires a mí. Sólo vete. Que a mi vida la conquisto ahora con la violencia que siempre debí, nadie me la vuelve a arrebatar, ni tú, ni ellos, ni nadie.

Te invito por última vez, aprovecha que el huracán voló el techo en la última tempestad y vete ya, que mi amor se hace más grande, que mi corazón se hace más grande, que mi confianza se restablece, que ya no queda más espacio para ti.

Maldita y cobarde estupidez… Por la paz del universo entero, piérdete en un agujero negro y no vuelvas por aquí. En tu lugar quedará una bandera blanca transformada en flor sobre mi almohada, y un aroma a primavera que permanecerá para la posteridad, con los besos y el café que cada mañana le sabré preparar.

Ana Isabel
San Miguel, El Salvador
20/06/2016

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