Que tengan luz todos tus sueños

Amado mío:

No me atrevo ni a dejar escapar un suspiro mientras duermes, no quiero que un movimiento brusco de mi pecho al respirar te despierte. Respiro a tu ritmo para mantener funcionando en sincronía mi corazón con el tuyo, el tuyo que le marca sus pasos también a ese sistema inalterable de móviles piezas que revelan todos los misterios, que tanto intrigan al universo, en cada uno de tus sueños.

He pecado de egoísta tantas veces en mi vida, pero entre la ternura y el amor que me inspira verte dormir sobre mi pecho como un niño tan frágil y a la vez tan valiente, y aun sabiendo que mi imagen no es perfecta a veces en tus sueños y que otras veces simplemente me he convertido en un mal recuerdo… Esta vez no me atrevo a despertarte, deseo que esta noche tengan luz todos tus sueños.

Si es en ese mundo dónde el enigma de la felicidad se revela para ti y encuentras que justo en medio de tus sueños anidan tus musas pequeñitas inquietando al genio que hay en ti, joven poeta de corazón de tinta y elegantes letras, si es así, no me atrevo a despertarte ni a sacarte de ese mágico mundo a donde viajas cada noche abandonando la tristeza de ver aquí afuera tantas sonrisas rotas… Porque ahí, en ese mundo tu inspiración se nutre y en las mañanas vienen renovados tus versos y cada historia que despertará tantos corazones a una realidad mejor articulada y más justa, con el arte honesto que tu voz proclama.

Sé que no te gusta dormir, que tampoco te gusta perder el tiempo en cerrar tus ojos para soñar despierto, pero te agradezco por el milagro que has hecho en mí las noches que compartimos la misma cama y el mismo sueño, y me convertí en tu almohada para guardar todos tus secretos, esos que tú no sabes que conozco, los que a veces se escapan de tus labios cuando tu sueño se vuelve la visión más exacta de un pasado perfecto.

Ahora duermes y descansas, mientras yo cuido la paz de tus sueños, mis dedos hacen versos en tu espalda y sutiles remolinos en tu pelo… Yo que antes me rendía al cansancio y las madrugadas no las alcanzaba despierta, ahora me es tan necesario mantener mis párpados abiertos, que mis musas también se escapan a bailar la romántica pieza que tu corazón les compone en la quietud de tu descanso… Y cuando no estás sobre mi pecho y cuando duermes a mi costado izquierdo, si aparto mis ojos de ti un momento es para escribirte estas cartas… Y cuando no te estoy besando sutilmente los labios para no perturbar tu sueño pero sí para regalarte un trocito de este cielo, te estoy escribiendo un nuevo poema para recitárselo a tu piel con mis manos antes de que el nuevo día llegue.

Y aunque probablemente la realidad me golpee justo ahora porque estoy tan lejos y revele entre mis letras parte de mis fantasías, te cuido con el mismo amor y la misma entrega como lo haría si hoy mismo estuviera contigo bajo las mismas estrellas, cubriéndonos del mismo frío, con la seguridad de que el mundo opaco e irreal que acechaba antes se ha quedado tan lejos de nosotros, muy afuera.

Siempre tuya y latiendo para ti,
Ana Isabel


San Miguel, El Salvador
30/08/2016

 

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