De tu mano

Y ahí estábamos los dos,
no teníamos nada más en común
que aquellas letras al final del cuaderno,
tan diferentes el uno de la otra,
tan parecidos en el alma.

Mientras yo escribía su nombre,
él escribía el mío,
escondidos entre las líneas de un poema
y de una carta con destino y sin remitente…

Fue una dulce casualidad reconocernos,
de esas que te sorprenden y que te enseñan
que de azúcar y miel nacen los colores de una tarde
y con los nervios de un primer beso
que no se puede postergar para otra vida,
como una mirada que habla por todos los silencios…

Así fue que se nos vino el amor como la lluvia
inesperada, inexplicable, transparente,
nos mojó de frío pero nos encendió las ganas
de vivir para los dos este sueño de valientes…

No sabíamos que seguía,
o si era muy pronto,
o si nos habíamos tardado demasiado,
pero en aquel primer beso
los dos encontramos las razones suficientes
para llamar hogar a nuestro abrazo,
para saber que no importan tanto las caídas
si vamos a levantarnos siempre juntos,
y mi mano jamás se soltará de la suya.

Ana Isabel
San Miguel, El Salvador
03/09/2016

 

 

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