Infinitos y sobrenaturales (La espina del duelo)

Pero hay noches tan largas
como esas en las que te busco y no estás,
como esas en las que no viene ya a buscarme tu voz,
como esas que no traen luna ni heridas,
sólo silencio,
silencio y soledad.

Veo el triste desfile de recuerdos
que suponen el frío que me arropa y me corta
la piel que desde siempre sólo deseó tu piel,
tus manos como la espuma suave que acaricia la orilla,
se quedó en esencia a habitar los escalofríos
de mi inmortal ansiedad de ti…

Si te llamo, te llamo a gritos desde el alma,
porque hay noches tan largas
en las que no puedo admitir que ya no vendrás,
que de tu último viaje no habrá retorno
y que sólo tus letras quedaron para decorar
las grises paredes de esta habitación
donde ya no hay luz sin tus ojos,
y la espina del duelo se clavó hondo en mi corazón
y me envenenó la sangre…
y me drenó todas las fuerzas.

Donde estés, recuérdame sin estas lágrimas,
recuérdame con la risa que acariciaba tus mañanas,
que este desquebrajado fantasma que soy ahora
no quisiera que lo vieras y sintieras pena por él…
Dónde estés, vierte tu bien sobre mis miedos
y la gracia de mi espera hazla en tu lienzo,
porque hay noches tan largas
como esta en la que se avecina un final
para todo este dolor que no supe aguantar…

Podré estar en paz ahora que vuelva a verte,
que la luz está regresando a esta habitación,
ya no tengo miedo del miedo irreverente
que susurraba que era definitivo tu adiós,
porque estás aquí y te puedo sentir
y los ojos de mi alma comienzan a tocarte,
y tus manos otra vez están sobre mi piel,
y en mí, aunque estoy más fría que la última vez…
en el centro de mi alma se aviva un incendio.

Ahora que mi último suspiro se funde en la nada
trasciendo contigo hasta tu tiempo,
que se expande más allá de este colapsado universo,
y nos volvemos infinitos y sobrenaturales,
y ahora podemos ser todos los colores
de aquella, tan nuestra, primera tarde,
y eternos serán los minutos,
todos los sueños estelares,
y eternos seremos nosotros,
libres de esta momentánea vida,
y de la muerte que la alcanza
con su oscuro vendaje.

Ana Isabel
San Miguel El Salvador
31/01/2017

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