Te recordaré

Cristales rotos incrustados en la piel, una angustia insonora que te despierta confundida después del impacto. Todo es extraño pero es más ligero, no sabes a dónde pero te estás yendo. Esa noche casi nadie pudo percibir, entre tantas luces rojas, cómo una más blanca se apagaba. 

Desde el otro extremo de la oscuridad, el abrazo prematuro del final, las alas de lo inevitable te alcanzan y te confortan del dolor… Y pasa desapercibida tu sombra entre tantas otras. 

Mañana estarás en las noticias, la opinión general será esa indignación que está de moda, después lo olvidarán, tú serás un número más, un nombre más en esa lista. Ya nadie preguntará cuáles eran tus sueños, esos que fueron arrancados de raíz y quedaron archivados entre papeles de un caso más donde ganó la impunidad… 

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Del bosque

Lluvia, cascada de aromas y ecos, bosque de las hadas. Magia en la bruma y brillo en las flores, que a la noche desnudan su belleza y florecen de amor.

Aquí la fortuna es una dama que viste de verde y llama a la noche su manto de sueños.
Lleva en sus manos el polvo estelar que al contacto con el aire se vuelve dulce melodía, el canto de una nana.

Hay un duende que vuelve del sueño profundo a vivir.

La noche trae en sus cabellos los hilos que tejieron los arroyos nocturnos, que cantan a la luna de plata cuando les mira desde el cielo. Luna, que refleja en su faz la luz de su amante lejano.

No hay oscuridad que pueda ocultar por siempre este mundo de sueños y su valor.

No hay oscuridad que pueda ocultar por siempre la magia de este cuento que desde lo profundo del bosque emerge para el duende inquieto que te habita.

Ana Isabel
San Miguel, El Salvador
03/10/2018

Despidiendo los sueños

Aún estaban durmiendo en su sueño mezquino los brotes de aquellas flores, bajo el gélido aliento del invierno que se hacía más severo en los rincones. Se sentía la niebla haciendo su último intento por abrazar los pasos de aquel forastero, por retener sus letras de poeta en las empedradas calles de aquella triste ciudad.

La madrugada todavía vestía lúgubre y contraída, pareciera que no llegaría a tiempo para la última despedida, y en verdad no lo haría. Palpitaba en su centro el deseo de desviar sus huellas por unas cuantas avenidas  opuestas a ella, para no ir de frente al destino y saltarse el tormento del dolor insonoro de aquellas palabras: “Aquí te estaré esperando”

No, no quería marcharse así, tampoco quería hacer de ese sueño gris su suerte y consuelo… y volver. Pero había que hacerlo sin miedo, aunque ya todos los minutos los marcara el destiempo, había que hundir una vez más la lágrima de cristal en el océano de su pecho… y a ella.

A lo lejos nadie le verá y aun recordándole nadie le encontrará, escuchará su voz guardando la esperanza de reencuentro, pero jamás le verá volver aunque los fantasmas de papel se paseen por el puerto, con su sombra y su andar, con su único y fiel recuerdo.

A lo lejos sonará un murmullo sordo de palabras frías y morderá la muerte su soledad tan vacía, bañará sus mejillas la sal de la pérdida y susurrará que el tiempo no ganó, ni el miedo, ni la tristeza de arena y ceniza… ganó el silencio de la calle sin nombre donde aquel forastero dijo adiós y sólo el eco respondió… donde ella le esperaba para no decir adiós y sólo llegó la mañana.

Ana Isabel
San Miguel, El Salvador
22/11/2016

Un hogar bajo las estrellas

Las veces que el cielo se abrió y el silencio se nos hizo gotas de lluvia, y palpamos en el aire la humedad de nuestra canción de ayer y entonces, del siempre aquel, el nuestro. Las veces que esquivamos el filo del péndulo de un tiempo amañado que nos dio la impresión que estaba todo tan roto y vacío… y seguimos aunque nos diera miedo. Las veces que amarramos al meñique una promesa con luz de eternidad, encapsulando el posible perfecto en el cristal rojo de una lágrima… y vivimos, nos vivimos un segundo prolongado por siglos.

La última vez que nos vieron, una hoja se desprendió de un sauce, en el instante justo en que decías “quiero navegar contigo”… y sobre el cielo reflejado rodeado de montañas, despacio, aquella hoja se transformó en la nave de aventuras y libertad desconocida, alentando nuestros sueños de hacer inacabable la felicidad y partimos, tan lejos de los prejuicios de quienes no saben amar.

Desde entonces, cada vez que el amanecer rompe el velo de la noche, hiere con el alba la oscura incertidumbre, te descubro junto a mí, como el hombre valiente cansado de librar batallas contra la soledad, herido del tiempo perdido, encontrando su refugio entre mis brazos, el descanso de sus musas sobre mi pecho, conservando el mismo brillo en la mirada, ese encanto que no está en la de nadie más, el amor que se renueva bajo tus parpados antes de despertar y me atrapa y me hace libre… y me rompe, y cada trocito de mí lo has hecho parte de ti…

En este extraño pero ideal presente y en los años que han de venir, donde el sueño es realidad por fin… Tú sigues siendo toda mi poesía y mi vida, la totalidad de mi felicidad, y yo el hogar bajo las estrellas que te prometí, la niña valiente que te aprendió a amar.

Ana Isabel
San Miguel, El Salvador
25/10/2016

No lo soy más

Quien no pudo escalar los muros de los prejuicios para entender toda la verdad, quien no se encontró a sí misma en medio del huracán, quien se calló ante la injusticia y pasó de largo ante el sufrimiento de otros, quien no se inmutó nunca al ver los hematomas en la piel frágil de un niño, quien no guardó en su bolsillo un trocito de esperanza para el mañana que sería hoy en pocas horas…

Quien le puso un pero a todo y un jamás a lo imposible, una excusa partidaria de la cobardía por bandera en un mundo que come de las guerras la miseria de los desprotegidos, quien derramó la última gota de confianza en las grietas de una vida desierta, y llenó de orgullo su boca y de amargo olvido su mirada, y dijo al ayer “nunca volveré a mirarte” y olvidó que las consecuencias visitan al corazón más tarde… Quien no dejó de echar la vista atrás siempre… para reprocharse, para sabotearse, para someterse a los demonios de su mente y castigarse.

Fui yo, alguna vez, tras una coraza de indiferencia, soledad, frío y miedo… fui yo. En distintas circunstancias, en distintas épocas de mi vida, fui yo, cuando menos me lo creía… fui yo. Fui yo y me avergüenza haber sido así, lo peor… Y mucho más que este presente sea un silencio dentro del cual gritar tu nombre ya no te hace eco, y la poesía que a diario escribo con el abecedario de mi corazón no siempre te alcanza…

Fui yo y ciertamente eso que fui no lo soy más…
hoy soy la que sólo en tus ojos se ha podido encontrar…
Y sé que no quiero dejar estos versos en un papel,
que con todo mi amor han nacido
para ser escritos sólo en tu piel…

Ana Isabel
San Miguel, El Salvador
15/08/2016

 

 

Aunque este ahora parezca tarde

Porque tarde he caído en cuenta que perdí todo el tiempo del mundo en mí y que perdiste tu tiempo más valioso por mí, porque tarde he caído en cuenta que no supe ser más que yo y no supe antes ser también , porque me golpeó al corazón siempre tu voz con la verdad y a mi cabeza no le funcionó el receptor a tiempo, porque soy culpable de esto que hoy no es, y no importa cuanto sueñe con mañana, no cambiará nunca el hecho de que soy culpable hoy y del ayer.

Y ahora estoy aquí, con lecciones aprendidas y raspones en los nudillos, los defectos apilados en el centro del salón, retorciéndose sin forma y sin pies ni cabeza, y mis pocos aciertos olvidados en un cajón y enterrados, con silencios que hoy me ahogan y palabras que me quiebran. Y a todo esto en su conjunto, le prendo fuego en mi mente y lo incinero hasta las mínimas cenizas.

Hoy clavé agujas en mi lengua para callar a mi ego y escucharte a ti y a tu corazón…  Continue reading “Aunque este ahora parezca tarde”

Podría ser

Llovizna con sol, esta tarde ha ocurrido en mi ciudad, poquísimas veces lo he visto, pero esta vez tiene un valor totalmente especial, lo he visto desde mi puerta abierta hacia el espacio donde me suelo impacientar, y todo eso me dejó de importar, y sólo te vi a ti en cada finísima gota, tu risa, tu voz, tu alegría desbordada, te vi a ti caminando por las calles empedradas por donde un día también caminaré yo, sueño que sea de tu mano. Y entre los rayos de sol atravesando la lluvia, descubrí los colores que se nos perdieron una tarde, y recobré con más intensidad mi sonrisa y me emocioné como una niña, no tienes idea, una niña perdidamente enamorada de ti…

Siento que hoy el universo me está mostrando algo que sólo mi corazón puede entender.

Vino después una brisa muy confortante, me envolvió de ella y de ti, de tu aroma, el zumbido en mis oídos fue para callar al mundo estorboso de afuera, y escuchar con los ojos cerrados como la vida me decía que no debía parar ni un segundo en esta lucha intensa de conquistar mi más grande sueño: tú, de volver a cruzar esa puerta, de volver a llamar a tu corazón por su nombre y que escuche mi voz sin alterarse.

Amado mío, mi cielo infinito de estrellas, la parte de mi vida dónde todo siempre ha valido la pena, la totalidad del tiempo en el que el amor ha sido y será siempre el fuego en la hoguera de mi corazón. Amado mío, no me desviaré nunca de tu camino, por más difícil que sea, aun cuando todo parezca perdido. Es que este tiempo parece ser demasiado, pero podría ser siempre muy poco, comparado con lo que puede ser si volvemos a encontrarnos con nuestros corazones, en circunstancias completamente diferentes…

Podría ser.

Ana Isabel
San Miguel, El Salvador
30/07/2016

Siempre escribo por ti, para ti… Tanto como te siento, no importa qué…

Del ocaso y de este amor

Hay ocasos para no dejarlos morir jamás, ocasos con tinta y sabor a sueños, que inigualables son, que no se prometen en vano, que traen con ellos el aroma a mejores días. Este ocaso se me ha prendido en los párpados, está ahí cada vez que mis ojos se cansan, cada vez que despierto, cada vez que le miro y me llueve su luz que se va atenuando, para limpiarme las lágrimas y dejarme ver que todo en él siempre, a pesar del tiempo, es más claro. Que cuando la luz se funde en la inmensidad del mar, detrás de un horizonte de mañanas aguardando, sólo se ha ido a dormir por un rato su voz, el eco de ella se queda en mi alma, haciendo a mi nombre el atento llamado.

En mis manos cabe un mundo pequeño hecho de lluvia y brisa del mar, un racimo de luciérnagas púrpuras, en una gota de esta lluvia mojadas de sal, un puñado de deseos bañados en razón, milagros y azúcar, y junto a todo esto, en una constelación roja de estrellas y poemas de amor, cobijo con el manto de las noches este corazón que latiendo está todos mis sueños, queriendo cambiarlos todos por amanecer otra vez a tu costado derecho.

Cuando sueño, viendo estoy ese dulce y perfecto ocaso que tanto amo, en la cima de un mundo donde ya no nos alcanzan a tocar los callados miedos, Continue reading “Del ocaso y de este amor”

Carta al corazón (II)

Nadie está obligado a perdonar si no lo siente justo, ni amar si no lo siente merecido, ni a quedarse si no lo siente disfrutable, tampoco está obligado a hacer feliz a nadie, ni mirar a los ojos de quién ya no cree, a nadie puedes obligar a creerte si sus heridas se abrieron en primer lugar por hacerlo, a nadie puedes retener en tu vida si ya no quiere estarlo.

Lo que sí puedes es hacer de tu vida un lugar habitable para esta persona que tanto te importa, es hacer de tu corazón un hogar acogedor para el suyo, es hacer de tus ojos, diamantes transparentes que no deslumbren por su belleza física, sino por la gratitud, el amor, la pureza y la sinceridad que ellos reflejan, hacer de ellos ventanas de cristales claros, para que cuando decida verte, te vea y te conozca con toda la confianza de que está viendo en ti todo lo que realmente eres. Lo que sí puedes hacer es Continue reading “Carta al corazón (II)”

Por la paz del universo entero

Lo que cubre la noche no es un simple manto de estrellas y una luna cruzando los dedos para ver si te marchas, es un montón de deseos contados, a la lumbre de una chimenea, en una cabaña soñada, más al sur de esa frontera, iluminados todos con un fuego que no se conoce en esta tierra sin nombre.

Y tú sigues aquí, mutando el corazón a complejas intermitencias, a veces te ríes en mi cara viéndome hundida, a veces lloras porque me ves complacida de no haber fracasado una vez más… Y nunca te marchas.

Ya me cansaron tus ecos, pero sigues golpeando el muro, de lágrimas se me hizo un charco en la almohada ahogando mi seguridad… Te volviste a reír y yo me pregunto… ¿Por qué sigues aquí?

Autentica enemiga de mi confianza, figura retórica siempre mal interpretada, te tomé de la mano para saber si lo inerte de tu apariencia era respuesta de tu huida súbita al más allá, a tu muerte anunciada… y no fue prudente tocarte Continue reading “Por la paz del universo entero”

De desencuentros y coincidir

Es una tarde de desencuentros, tarde de no coincidir las ideas y los lamentos de corazones abiertos de heridas y nostalgia. Ella camina por el lado opuesto de la calle, él espera a que el semáforo cambie de color, desde ambos extremos, en la esquina opuesta del amor, están un par de almas que no saben hacia donde van, pero escapan de algún lugar, escapan de algún recuerdo, y cuando el semáforo cambia su luz, el universo mueve los engranes y a mitad de la calle, entre el destino y la vida que se escabulle, su mano suave, roza la suya sin querer, su perfume lo envuelve en una nube de rocío y primavera… y una promesa nace en ese brevísimo instante… El mundo se detiene y dos miradas se cruzan activando el magnetismo de dos corazones, son dos almas que se reconocen y se unen para toda una vida, o dos, o tres… Convirtiendo antiguos desencuentros en caminos que debían coincidir, justo aquí, así… Sólo dos, él y ella, ya no hay más que buscar.

Ana Isabel
San Miguel, El Salvador
31/05/2016

Nunca a destiempo

Ya no cuenta los minutos con impuestos de lágrimas incluidas, ya no se parte los párpados en las noches de insomnio buscando sus sueños prófugos, ya duerme tranquila, sin despertar con sobresaltos de pesadillas en caída libre, y no le obsesionan los números en el reloj ni en el calendario, ya no escarba entre las fracturas de su memoria y no se auto compadece frente al espejo y su distorsión, ahora sonríe con la ligera sospecha de que él también sonríe en ese mismo instante, en alguna parte de otra ciudad, pensando en ella, mientras ella despierta y le tatarea la canción que esa noche ha soñado, rumbo al presente, con la esperanza de que él la escuche en la distancia, cada día más enamorada.

Una fresca brisa con aroma a verano por la mañana, se cuela por la ventana y respira el amor, al fin respira el amor. Escucha entre ecos su voz llamándole, recuerda sus besos, el sabor de sus labios… e irremediablemente, se le antoja un café… Continue reading “Nunca a destiempo”

Despierta ¿Quién eres?

Ella, quien va por la vida buscando el momento auténtico de despertar bajo la sombra de un árbol, que no le cuente el drama que supone estar enraizado al mismo sitio desde antes de ser árbol, sino que le tararee entre sus ramas y sus hojas cómo el viento, nada mezquino, le trae mensajes desde las mejores horas de mundos antiguos, de ciudades desiertas y de canciones perdidas, imágenes de un amanecer en la cumbre más alta, de un atardecer deshaciéndose en la playa, de cómo llora un niño, de cómo ríe un hombre, del misterio de los ojos de un amante que mira palabras y siente colores, cantando versos de tonos mieles y sabor a café en los labios, escribiéndole cartas a su amada todos los días, reclamando que despierte de su extraño coma y de su silencio mordaz. Y ella se mira entonces flotando sobre todo el universo, todavía más alto de lo que su cuerpo aguantaría, por eso se lo ha dejado dormido bajo la sombra del árbol y su alma vaga sin limitarse por los andenes que devoran trenes de esperanzas y culpas que no van a ningún sitio.

Ahí afuera, el mundo se socaba desde sus cimientos y nada podrá salvarlo de lo que viene, pero tú sí puedes salvarte.

Despierta. ¿Quién eres?

No saberlo por tantos años ¿Valió la pena?

No. Continue reading “Despierta ¿Quién eres?”

Hacer las cosas bien

Queda prohibido sentirte incapaz de ser feliz y de hacer feliz a quien amas, dejar que el miedo te congele las piernas y no te deje avanzar, porque siempre pierde quien no lucha, porque es mejor perder dejándose todo el alma expuesto a todo lo que puedes sentir, que perder como cobarde abandonando la lucha antes de empezar.

Queda prohibido negarse a vivir los sueños que nos acompañan desde que nacemos, sólo porque otros nos dicen que nunca sucederán, que son fantasías, tonterías, que no se puede, que tú no podrás.

Queda prohibido ser parte de ese circo de marionetas dónde otros dirigen lo que proclaman es “lo mejor para ti”, que no se te pase la vida tratando de complacer a cuanta gente dice que se preocupa por ti y jamás preguntará con genuino interés qué quieres tú.

Queda prohibido dejar pasar de largo los momentos más exactos para amar, sólo porque tienes miedo de salir herido o por desubicada cobardía de no ser quien eres en verdad, porque no hay nada más perfecto que ese instante en el que ocurre, que la vida te sonríe por primera vez y tienes todo el amor para sentirte pleno en la palma de tus manos, y frente a ti, esa persona que es la respuesta a todos tus enigmas. Continue reading “Hacer las cosas bien”